No tenía que haberme tomado la
última. No podía parar de repetirme eso mientras la presión sanguínea y el
dolor hacían que mi cabeza sufriese más esa mañana que una noche entera bajo un
martillo hidráulico. Joder… Apenas podía avanzar por el pasillo. Menos mal que
nadie podía verme…
Llegar a la ducha fue una odisea
y conseguir terminar sin resbalar y partirme el puto cuello fue algo más
forzoso que la maldita Odisea. Apenas podía pensar con claridad. ¿Qué cojones
pasó anoche? Había olvidado los últimos instantes… Solía pasarme. También debo
decir que tengo un problema. Siempre fui demasiado goloso. Como abrir un bote
de miel y ponerlo en las fauces de un oso. Reza para que cuando lo acabe no
quiera más o te joderá vivo.
Vamos por partes. Fuimos a tomar
una primero al primer bar que vimos abierto. Y después fue llegando la gente.
Por goteo, a poquitos y a lo tonto éramos como una treintena, ¿no? Sí, por ahí…
Por ejemplo. ¿Qué más daba si sólo tenía ojos para ella? Tampoco es que yo
hubiera querido que eso pasara pero, coño… Me la había cruzado un par de veces
por la calle. Pero de esas veces que te cruzas a alguien y te bajas las gafas
de sol de la que pasa y te giras para seguir observando una vez te han
rebasado. Pues la una más exagerada que la anterior. Dudo que supiera quién era
cuando nos presentamos… Aunque había un cierto brillo de malicia en sus ojos.
Aunque no sé muy bien qué tipo de malicia sería.
¿Qué más da? Si seguro que la
cagué bien cagada. Mi boca me ha perdido siempre y más de una vez me la han
roto por eso. Al menos no me han roto la nariz, bastante castigo tengo ya con
lo mío… En fin. Y no soy capaz de recordar nada de esa puta cena. La botella de
vino rellenar mi copa una y otra vez. ¿Cuál fue el menú? ¿O pedimos platos?
¿Qué mierda? Si casi parece que ni hubiese estado allí. Pero a ella… Podría
esculpirla en mármol como una Diosa sobre un pedestal en cualquier templo que
la mereciera de una antigua acrópolis.
Me acuerdo de su vestido. Seda.
Negro. Mate. Elegante. Un broche dorado en la cintura con un pequeño cinturón
fusionado perfectamente con el resto del conjunto. Chanel o Carolina. Seguro.
Buen gusto. Pelo ondulado, no quiso dedicarle demasiado tiempo, seguro. Por mi
parte, encantado. No así con sus ojos cuidadosamente maquillados, línea estilo Egipto
antiguo. Una verdadera hija de los Dioses. Hasta la mismísima Hatsepsut se
habría fijado en esa mirada. Recuerdo que sus hombros se deslizaban de un lado
a otro en función de con quién hablara. Y mientras recordaba eso un chill-out
con un ligero toque a película porno de los ’70 sonaba en mi cabeza. La habría
devorado.
Sólo quería tumbarme en la cama.
Esperar mientras se desnudase. Suena muy a voyeur… Sí. Pero no, sólo quiero
verla, cómo esa hermosura angelical se desenvuelve y deja su vestido. Cómo se
baja del pedestal de sus tacones y sus pies se meten en la alfombra tan suave
como ella misma y con esa mirada felina que tanto me obnubila se mete en la cama
despacio, a mi lado y me mira mientras sus dedos se meten en mi pelo. Con eso
tengo suficiente…
Para empezar. El resto mejor lo
dejamos a la imaginación de cada uno, ¿no? Aunque en mi cabeza va tomando forma
ya… Muy interesante.
Hay un olor que me es familiar en
casa, sin embargo, creo que proviene del piso de abajo. Pero lo de bajar las
escaleras y ver un bolso tirado a la mitad no contaba con ello. Y ¿dónde
cojones estaba mi albornoz? Estoy empezando a cabrearme ya. Perfecto, botellas
vacías, alcohol reseco por la mesa, colillas, ceniceros llenos y un par de
manchas y tarjetas sobre la mesa.
Anoche sabe Dios lo que pasaría
aquí. Miraré el teléfono. Última llamada hecha a las 6 largas. Alguien vendría
a recoger a alguien… Supongo, qué más da ahora eso… Ese olor sigue aquí. Dulce,
como el cloroformo. Igual de embriagador y nocivo. Y estoy seguro de que no es
la mezcla de posos de la puta mesa. ¿Por qué hay un maldito reguero de agua
desde el baño todavía? ¿Se quedó alguien anoche a dormir? Oh, vaya.
-Buenos días
-Depende de para quién
-Anoche debiste terminar fatal.
Bea y yo nos ocuparemos de recoger. Vuelve a la cama y nosotros terminamos de
recoger y ya te despertamos para comer.
-Gracias a los dos, de verdad.
Estoy hecho un asco.
[…]
Ese olor otra vez… Ese olor….
-¿Quién eres y qué…? Tú…
-Bea y Miguel dicen que la comida
estará en cuarenta y cinco minutos. Esperaba que no estuvieras muerto en vida
ya y pudiésemos tomarnos de aperitivo antes. Anoche no fue todo lo que nos
merecíamos…
-¿La mesa?
-Puesta
-No, que te subas al escritorio o
yo mismo te subiré y tiraré todo al puto suelo.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario