viernes, 29 de mayo de 2015

Cloroformo.

No tenía que haberme tomado la última. No podía parar de repetirme eso mientras la presión sanguínea y el dolor hacían que mi cabeza sufriese más esa mañana que una noche entera bajo un martillo hidráulico. Joder… Apenas podía avanzar por el pasillo. Menos mal que nadie podía verme…
Llegar a la ducha fue una odisea y conseguir terminar sin resbalar y partirme el puto cuello fue algo más forzoso que la maldita Odisea. Apenas podía pensar con claridad. ¿Qué cojones pasó anoche? Había olvidado los últimos instantes… Solía pasarme. También debo decir que tengo un problema. Siempre fui demasiado goloso. Como abrir un bote de miel y ponerlo en las fauces de un oso. Reza para que cuando lo acabe no quiera más o te joderá vivo.
Vamos por partes. Fuimos a tomar una primero al primer bar que vimos abierto. Y después fue llegando la gente. Por goteo, a poquitos y a lo tonto éramos como una treintena, ¿no? Sí, por ahí… Por ejemplo. ¿Qué más daba si sólo tenía ojos para ella? Tampoco es que yo hubiera querido que eso pasara pero, coño… Me la había cruzado un par de veces por la calle. Pero de esas veces que te cruzas a alguien y te bajas las gafas de sol de la que pasa y te giras para seguir observando una vez te han rebasado. Pues la una más exagerada que la anterior. Dudo que supiera quién era cuando nos presentamos… Aunque había un cierto brillo de malicia en sus ojos. Aunque no sé muy bien qué tipo de malicia sería.
¿Qué más da? Si seguro que la cagué bien cagada. Mi boca me ha perdido siempre y más de una vez me la han roto por eso. Al menos no me han roto la nariz, bastante castigo tengo ya con lo mío… En fin. Y no soy capaz de recordar nada de esa puta cena. La botella de vino rellenar mi copa una y otra vez. ¿Cuál fue el menú? ¿O pedimos platos? ¿Qué mierda? Si casi parece que ni hubiese estado allí. Pero a ella… Podría esculpirla en mármol como una Diosa sobre un pedestal en cualquier templo que la mereciera de una antigua acrópolis.
Me acuerdo de su vestido. Seda. Negro. Mate. Elegante. Un broche dorado en la cintura con un pequeño cinturón fusionado perfectamente con el resto del conjunto. Chanel o Carolina. Seguro. Buen gusto. Pelo ondulado, no quiso dedicarle demasiado tiempo, seguro. Por mi parte, encantado. No así con sus ojos cuidadosamente maquillados, línea estilo Egipto antiguo. Una verdadera hija de los Dioses. Hasta la mismísima Hatsepsut se habría fijado en esa mirada. Recuerdo que sus hombros se deslizaban de un lado a otro en función de con quién hablara. Y mientras recordaba eso un chill-out con un ligero toque a película porno de los ’70 sonaba en mi cabeza. La habría devorado.
Sólo quería tumbarme en la cama. Esperar mientras se desnudase. Suena muy a voyeur… Sí. Pero no, sólo quiero verla, cómo esa hermosura angelical se desenvuelve y deja su vestido. Cómo se baja del pedestal de sus tacones y sus pies se meten en la alfombra tan suave como ella misma y con esa mirada felina que tanto me obnubila se mete en la cama despacio, a mi lado y me mira mientras sus dedos se meten en mi pelo. Con eso tengo suficiente…
Para empezar. El resto mejor lo dejamos a la imaginación de cada uno, ¿no? Aunque en mi cabeza va tomando forma ya… Muy interesante.
Hay un olor que me es familiar en casa, sin embargo, creo que proviene del piso de abajo. Pero lo de bajar las escaleras y ver un bolso tirado a la mitad no contaba con ello. Y ¿dónde cojones estaba mi albornoz? Estoy empezando a cabrearme ya. Perfecto, botellas vacías, alcohol reseco por la mesa, colillas, ceniceros llenos y un par de manchas y tarjetas sobre la mesa.
Anoche sabe Dios lo que pasaría aquí. Miraré el teléfono. Última llamada hecha a las 6 largas. Alguien vendría a recoger a alguien… Supongo, qué más da ahora eso… Ese olor sigue aquí. Dulce, como el cloroformo. Igual de embriagador y nocivo. Y estoy seguro de que no es la mezcla de posos de la puta mesa. ¿Por qué hay un maldito reguero de agua desde el baño todavía? ¿Se quedó alguien anoche a dormir? Oh, vaya.
-Buenos días
-Depende de para quién
-Anoche debiste terminar fatal. Bea y yo nos ocuparemos de recoger. Vuelve a la cama y nosotros terminamos de recoger y ya te despertamos para comer.
-Gracias a los dos, de verdad. Estoy hecho un asco.

[…]

Ese olor otra vez… Ese olor….
-¿Quién eres y qué…? Tú…
-Bea y Miguel dicen que la comida estará en cuarenta y cinco minutos. Esperaba que no estuvieras muerto en vida ya y pudiésemos tomarnos de aperitivo antes. Anoche no fue todo lo que nos merecíamos…
-¿La mesa?
-Puesta
-No, que te subas al escritorio o yo mismo te subiré y tiraré todo al puto suelo.

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